Lugares del alma

Me fascina contemplar la realidad que me rodea y que soy. En algunos momentos luminosos se me abren paréntesis en la mirada utilitarista y efectiva del mundo, y la percepción cambia sus ritmos, se activan funciones dormidas y el corazón se acelera al levantarse la piel de la rutina, liberando los insólitos matices que anteceden a los silencios. Es entonces cuando surge, como en un soplo, la mirada interior, la atención poética.

«Tras la piel del aire». Óleo sobre lienzo. 100 x 100 cm. 2004. Colección particular.

«Las crisálidas». Óleo sobre lienzo. 60 x 73 cm. 1999. Colección particular.

Las flores del amor ponen cada noche sus huevos sobre la pradera de la sangre. Sus hijos juegan a devanar las geometrías de la metamorfosis.

«Lucha de titanes». Óleo sobre lienzo. 81 x 100 cm. 1998. Colección particular.

Un rosario de colores ha depositado sus frutos sobre el cáliz de la vida. Los antagonistas danzan sobre el campo las melodías del espectro. Amanece una naranja.

«El nacimiento de la Luz». Óleo sobre lienzo. 60 x 73 cm. 1998. Colección particular.

En la malvura de la noche, un oído mineral pare una hija de anhelo cobalto. Las almas, irisadas, acuden a celebrar la epifanía entonando zumbidos de plata.

«La fruta prohibida». Óleo sobre lienzo. 81 x 100 cm. 2008. Colección particular.

Siete esqueletos de estrellas meditan la ofrenda de Perséfone. El lucero penetra las húmedas cortinas del aire disgregándolas en flores evanescentes, que contemplan, extasiadas, las espumas bordadas en la frontera del silencio.

«Caracolaflor». Óleo sobre lienzo. 100 x 100 cm. 1998. Colección de la Excma. Diputación Provincial de Sevilla.

En la cueva sagrada una espiral de sombra va ascendiendo, dulce y lentamente, por el laberinto de los sonidos. Mientras tanto, allá en lo alto, ya encienden sus luces los estambres del alma.

«Las tres piedras». Lapislázuli al óleo sobre lienzo. 90 x 170 cm. 2005. Colección particular.

Son de encajes chinescos las entretelas con que el aire viste su desnudez. La seca piel de las rocas se estremece al minúsculo aleteo cristalino de los pájaros astrales. La profundidad del espacio es de color azul amor.

¡Qué sería de la vida sin estos momentos de gloria!

«Misterio occidental». Pigmentos históricos al óleo sobre tabla. 78 x 112 cm. 2007 – 2017. Obra disponible.

Una lluvia torrencial de amor descargan las almas ascendidas sobre las marismas del cielo. El Vaco le ha preparado a su novia un sencillo banquete nupcial mientras, en alguna playa cercana, ella está cogiendo azucenas blancas para trenzarle guirnaldas. 

Luego, él la llevará, en viaje de novios, por las olas la mar.

«La alianza». Óleo sobre lienzo. 61 x 81 cm. 2020. Colección particular.

Por allí viene la niña cogiendo flores para su novio. ¿Se parará para recoger también éstas o pasará de largo hacia el cielo? Si no se apresura, la brisa terminará por cubrir de arena el pequeño tesoro depositado a su sombra.

«La caza de mosquitos». Óleo sobre lienzo. 90 x 170 cm. 2005. Colección particular.

Aquel verano lejano dispuse la fruta recogida en el frutero y por el mantel para que perfumara la habitación. Al caer la tarde el sol proyectaba -¿o quizás transparentaba?- sobre el tenue visillo las siluetas de los mosquiteros cazando, precisos y veloces entre las aneas.

¡Qué dulces recuerdos los de aquellas siestas, calurosas y cargadas de erotismo!

«Ventanas al paraíso (I)». Óleo sobre lienzo. 90 x 170 cm. 2007. Colección particular.

Tengo, en alguna parte, una ventana por donde me asomo a los recuerdos que nunca fueron. Los artistas tenemos la misión de recordar los recuerdos que nunca fueron, esos recuerdos que apenas descorren las cortinas del misterio. ¿Qué interés tiene recordar las cosas de manera realista? Al fin y al cabo, el realismo no es más que el consenso dictado por el poder, ese ente psicopático que vive aterrado por la amenaza del amor. 

Cuando llegué a Doñana me enamoré de sus misterios. Y me dolí con sus dolores.

«Ventanas al paraíso (II)». Óleo sobre lienzo. 90 x 170 cm. 2013. Colección particular.

Confinada en las sequedades de las gentes, «la niña» agoniza en su confinamiento de siglos, achantada y encogida entre las aneas y las castañuelas, entre los nidos de las gallaretas y los calamones.

A veces, cuando contemplo absorto el vuelo de las aves y los insectos, me parece verla entre ellos, alentada por los cantos y las risas que no volaron porque las manos de la superstición las ahogó entre sus dedos yertos. 

Veo dos tipos de superstición: la religiosa y la científica. Aunque, en el fondo, puede que las dos sean la misma: esa certeza de cuantos hemos actuado desoyendo los maravillosos susurros de nuestra ignorancia. ¡Colosal ignorancia!

«En el palacio de Hades». Óleo sobre lienzo. 90 x 170 cm. Empezado en 2013. Obra disponible.

Las yeguas rocinas deambulan por las marismas del Tártaro acompañadas de sus potritos. A mediados de octubre las granadas revientan, y sus granos, como también las doradas uvas, filtran los fotones de la tarde occidental desgajando para las miradas sus colores imposibles.

El año se va muriendo, el día se va muriendo, la certeza que brinda la costumbre se va muriendo en esta tarde dorada, insólita, ¡y terrible!, con que esa brisa —que en esa parte de Andalucía llaman la marea- preña la mente de amores insoportables e indescifrables.

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«Epifanía de Doña Ana». Óleo sobre lienzo. 90 x 170 cm. 2010. Colección particular.

La casa se había ido quedando casi a oscuras. En algún cuarto, un reloj latía, grano a grano, sus segundos. Por debajo de los tics tacs, un tenue silencio caía, suavemente, como polvo, posándose sobre mi cabeza y mis hombros mientras, sentado inmóvil en el suelo, apenas sentía ya el peso de mi cuerpo.

Inesperadamente, ante mí se abrieron, como impulsadas por un viento súbito, las hojas de una ventana. Una algarabía de pájaros llenó entonces el aire y una luz dorada me estalló en la cara. Allí estaba, desnuda y recortándose en el contraluz, Doña Ana, la Señora de las Aguas, mostrándome en su mano derecha un cáliz de plata. 

«Una dulce constelación de colores». Óleo sobre lienzo. 81 x 100 cm. 2016 – 2018. Colección particular.

En la bruma violada de un ensueño se llegó hasta mí una esfera de luz dorada. La estuve contemplando. Luego, como disolviéndose, se convirtió en un bodegón de extraños frutos visuales.

«La niña de las granadas». Óleo sobre lienzo. 90 x 170 cm. 2008. Colección Excma. Diputación Provincial de Sevilla.

Cuando hube terminado de montar el bodegón fui hacia la furgoneta para sacar el gran lienzo. Se había levantado la marea e iba a tener que asegurar el caballete y el bastidor con unos vientos al suelo para que no salieran volando. El sol empezaba ya a caerse y debía apresurarme.

Cuando, con la paleta sobre el brazo y un pincel en la otra me disponía a empezar a dibujar, la vi allí parada, al otro lado, empuñando suavemente un ramito de flores de granada y mirándome inmóvil. 

Los graznidos de los flamencos se mecían en la brisa y entre sus dedos se contoneaba una forma alargada que apenas alcanzaba a identificar.

«La boda». Óleo sobre lienzo.133,5 x 108,5 cm. 2016. Colección particular.

Tres semanas de viaje y, por fin, ha llegado el momento tan temido. Las heridas de él ya han cicatrizado y ella conoce ya las respiraciones y los mantras. Todo está dispuesto.
Atrás, allí en el occidente horizontal, quedarán para siempre los recuerdos y la infancia, guardados dentro del gran arcón de la montaña de rocas y pinos que desde el mar se levanta frente al balcón.

«La llama». Óleo sobre lienzo. 24 x 30 cm. 2018. Colección particular.

Cuando estén desnudos los dos, ella habría de comerse frente a él los nueve granos. Entonces él saboreará en los primeros besos el dulzor de la fruta prohibida.

«Vocación de vuelo». Óleo sobre tabla. 40 x 40 cm. Marzo de 2020. Obra disponible.

Confinada entre cuatro paredes cuadradas, sobre un suelo cuadrado, bajo un cielo ¿cuadrado? Los cuatro rincones cobijan cuatro sombras negras, cuatro dolores oscuros, cuatro miedos blandos, cuatro frialdades vacías.

Una voluntad de cielo brotó una noche en la tierra de sus centros y lentamente fue alcanzando verdor y altura. 

Cuando aquel anhelo, bañado de luna, hubo desplegado hacia lo alto sus aromas, ella comenzó a ascender por el verde encendiendo de rojo oro sus escamas.

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«Gotas carmesí». Óleo sobre tabla. 38 x 41 cm. 2019. Colección particular.

Tres metamorfosis amarillas, nueve cuentas contadas, cinco rosas cruzadas. Al filo del horizonte San Antonio amasa un cristito con saliva santa y polvo de alas.

Un alfiler de sueños ha rociado la sábana negra con luciérnagas lejanas.

«El herrerillo capuchino». Óleo sobre lienzo. 24 x 35 cm. 2021. Obra disponible.

Un murmullo lejano acompaña a la danzante luz roja de una hoguera. El herrerillo capuchino se ha despertado en su rama. Desvelado, contempla las estrellas.

«La dulce filomena». Óleo sobre lienzo. 46 x 38 cm. 2017. Colección particular.

«El canto de la dulce Filomena» enciende de amor los jazmines del cielo. A San Juan de la Cruz le habría gustado este cuadro, y yo se lo habría regalado para que lo acompañara en su cabecera mientras sanaban sus heridas en aquel hospital de Toledo. 

«Corona de espinas». Óleo sobre tabla. 33 x 41 cm. 2020 – 2021. Colección particular.

Ya llega el alba, fría y transparente. El petirrojo enciende su pecho y sus ardores derriten pequeñas gotas que cuelgan de los espinos.